viernes, 22 de agosto de 2008

Te aviso, te anuncio, que hoy renuncio.

Cuando puse la renuncia sobre su escritorio me preguntó ¿estás segura? Entonces recordé aquella noche cuando volví a casa con una bolsa de ropa en la mano, la cabeza agachada y el corazón hecho polvo, la sentencia de mi padre detrás de la puerta: “Tendrás que trabajar” , desde entonces emprendí un viaje hacia un mundo a destiempo, tuve que lavar baños, desperdiciar mis tardes detrás de un mostrador vendiendo pasteles,etc, etc.

No quiero hablar de la explotación que a diario se ejerce, debo hablar de las personas que estan ahí y de la fuerza que los hace soportar ser una sombra opaca la mayor parte del tiempo, la verdadera maquinaria que hace que la economía funcione.

Con el paso de los años la situación mejoro mucho, de ganar 350 semanales por un horario de lunes a domingo con un día de descanso entre semana, ahora trabajaba de lunes a viernes y disfrutaba los fines de semana con un sueldo + bonos + prestaciones de ley, pero a cambio de todo el dinero que pudiera conseguir es toda la gente que observe en esos 7 años de vida laboral, nunca olvidare por ejemplo aquel chico homosexual violado a los 4 años por su abuelo, que después de barrer cierta calle de Miguel Ángel de Quevedo terminaba su turno para ducharse y salir a prostituirse a cualquier línea del metro, o aquella señora de la tienda de regalos divorciada con un padre enfermo, una renta que pagar, un carro que mantener y una amargura que opacaba las noche buenas de plástico que solían adornar la navidad, mientras las luces artificiales se encargaban de alumbrar un árbol esplendoroso decorado por ella misma siempre se preguntaba que hizo mal para que el marido la dejara y entonces llegaba la sentencia:
–“Como me ves te verás, como te veo me vi”-

Cumplí 20 y con ello encontré un empleo en donde había jerarquías, tenia una jefa casada y con dos hijos, además amante del dueño, suficientemente tonta para dejar sin trabajo a todos pues preferible dejar que el negocio quiebre a correrla, para concluir no podré olvidar al naco que llamaba nacos a todos porque nunca en su vida fue aceptado por lo que era, si no por lo que tenia y ese es el caso de muchas personas, existen mediante objetos, por lo que saben o por lo que pueden presumir de sus vidas, sus maridos, sus matrimonios o sus hijos, pero en el fondo es gente sin retorno, clavada en sus precipicios e indiferente a ellos que lo unico que buscan es el reconocimiento que en sus vidas personales se les ha negado, ¿porqué dinero, quién no busca dinero?



Yo solo tenía el corazón roto, por suerte para mi eso se acabó.

Te vamos a extrañar, dijo.
Lo sé, contesté.