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Mamá, soy una paleta.

Tengo en mi lado izquierdo una humeante taza de café, en mi lado derecho puedo ver a mi mamá que plancha la ropa de mis hermanos, a su vez proporciona un calor a la casa, no sólo por la plancha, sino por su presencia, además estamos ella y yo solitas y me gusta. En la noche iré a una fiesta y no puedo dejar de pensar: “Mi vida es maravillosa”/ Sin embargo antes de que continúe escribiendo acerca de mi vida y recicle las vitales hojas de mi libreta, debo confesar mi incapacidad para narrar una historia, tengo muchas, pero el frio me entume las manos y a veces quiero escribir tanto que al final la historia termina descomponiéndose en algo que no quería, creo que es más fácil pintar, aunque tengo la referencia de Picasso; cuando llegaba a terminar un cuadro y este no le satisfacía de manera total lo rompía sin la menor consideración y recomenzaba. Claro, a eso quería llegar al comienzo, que después de un tiempo se vuelve recomienzo. Me cuesta mucho escribir esa palabra sin sonar cur...

Un brindis.

Estoy a punto de levantar mi copa y escuchar el discurso de mi familia para después decir ¡Salud! Mientras tanto mi hermano no pierde la oportunidad de azotarme una puerta en la cara y todas las puertas que encuentre de aquí en adelante. Estos instantes que vertiginosamente cambian de un momento a otro se llaman navidad. La navidad plástica en dónde los medios suelen amaestrar nuestra mente con toscos comerciales que cambian del odio consumista a la reconciliación del mundo y la unión familiar (o sea, consumir en grupo). Sin alternativa alguna y meditando profundamente acerca de lo que todos los años sucede en estas fechas entré en una especie de parálisis cerebral por no encontrar un momento adecuado para escribir, esta fragmentación de la que hablo puede ser en mi caso consecuencia de una mente incapaz de desechar las imágenes recolectadas a lo largo de este periodo de estudio y de asueto que se acumulan hasta apelmazarse y, finalmente bloquearme. Sin embargo mi incapacidad para esc...

Un poco de suerte.

Con un poco de suerte mi metamorfosis será en un pajarito; permítanme por favor este anhelo, quiero un poco de sueño. Mis manos tiemblan, sorben angustia y la luz se apaga. La batería de mi ordenador anuncia doce minutos de resistencia, no es más que la fuga del tiempo, el tiempo que huye recalcando sus pasos. Este tiempo se va, yo me voy con él, también me permito despedirme en esta carta, no, mejor no. Todavía hay mucho que escribir, aunque la batería se termine y me termine. Escribiré lo que pueda, lo que deba, pero sobre todo lo que hay.

Conexión, a manera de disculpa.

Ésta devaluada la prosa Devaluada la sonrisa, la vida. Extiendo una mano para tocar las sonrisas Y se van. Se va el agua, los colores, Lo absoluto se quiebra en relativo En mí Para mí, por mí. Me ha tocado nacer en un mundo triste Devaluado Sin canto Mientras, debo decir Que a pesar de todo Soy feliz.    

Una.Luz.Hoy.

Tendré que comenzar con algo complicado, pero reconfortante. El proceso creativo es común en el artista y el científico, Erika Landau hace referencia a Graham Wallas quién se propone descubrir el común de ambos grupos. El científico tiene la tarea de descubrir nuevos hechos y principios, en tanto que el artista se propone como meta la interpretación de cosas, relaciones o valores imaginarios. Pero en ambos casos los dos autores siguen las cuatro fases de este proceso: 1) preparación 2) incubación 3) iluminación 4) verificación. En lo personal encasillar a los creativos en estas faces me da mucha flojera. Landau junto con otros autores son los estudiosos de ese tema y no me siento con la capacidad suficiente para debatirlo (necesitaria un doctorado y aún estoy en la Universidad). Haciendo referencia al plano creativo, ella señala algo que me ha parecido interesante: "En el plano primario la acción creativa asume el cambiar y reestructurar el orden del universo de las significacione...

Los terrenos horroríficos del amor.

El amor nos preocupa a todos ¿Por qué?, pues, simplemente todos hablan de él. Cuándo tenía entre 15 y 17 años siempre estuve en desacuerdo con las maneras en las que se me educaba, muchas veces escuché a mi madre decir: "Las señoritas no salen a la calle" o " Eres hija de familia"; esas letanías ella las utilizaba para no dejarme salir a fiestas o en su defecto para limpiar mi casa en donde yo debía vivir como princesa, sin embargo la educación de mis hermanos fue muy distinta. En esos años desarrollé mi lado feminista al tope, nunca me dejaba intimidar por algún compañero de la escuela y en las discusiones seudo-intelectuales era como una adicción salir victoriosa y sí esa discusión se hacía con alguien del sexo masculino mejor, mucho mejor. También pensaba que si me llegaba a enamorar de alguien los deberes domésticos tenían que ser repartidos por igual. Que un hombre no podía ser llamado así, sino sabía por lo menos hacerse un huevo, ser independiente, seguro y s...

Para quemar la última nave.

Estoy descorchando un vino tinto. Hago una fiesta. Mi casa es un desorden, pero todo el que este aburrido está invitado. Las bebidas son afrodisiacas para la cabeza, les garantizo que no sentirán sus cuerpos pesados al cabo de un rato. Las sonrisas fluyen y bailarán en una noche con la mejor música, no mi música, la suya, por supuesto. Los que quieran emociones fuertes tengo vista al cielo en donde cada desamor se convierte en un ambulante resplandor. Mi cama es un césped de sueños y los poetas aterrizan para leer versos. ¡Habrá magia! Para aquellos que creen haberlo visto todo. De comida tendré aperitivos de azúcar y miel, droga perfecta para dominar demonios que nos quieran echar a perder la noche. Todos los interesados dejen aquí todo aquello que les sobra.